Inmortalidad de piedra

29 de julio de 2014

Los pasos del joven caminaban seguros y rítmicos por las cuevas. No corría pero su caminar parecía hacerlo volar. Daba la sensación de que no pesaba, de que era tan ligero como una pluma y es que, sin duda alguna, parecía haber recorrido aquellas cuevas más de una vez.

Vislumbro la luz de una linterna al fondo del túnel. Comenzó a correr y en pocos segundos llego al final de la cueva donde tres hombres y dos mujeres estaban cogiendo agua del cristalino lago cuyas aguas reposaban en aquellas grutas.

—     ¡Deteneos! —gritó el joven.

Uno de los hombres se giró hacia él y lo apunto con la linterna. Los ojos del joven los miraban con la sabiduría de alguien muy viejo. El resto seguía agarrando los recipientes del agua.

—     ¿Quién eres tu muchacho? —pregunto el mismo hombre que lo había enfocado. Llevaba una barba de varios días, marrón y enmarañada y unas marcadas ojeras en los ojos. Tendría alrededor de cuarenta años.

Proyecto Sims #1: Kashia Rosetti

30 de junio de 2014


Cómo bien he explicado en la página de esta sección es el proyecto que tengo entre manos para que la inspiración me pille trabajando y no espere a que venga porque en ese caso nunca la encontraré. No sé cómo saldrá la idea ni si es una tontería pero no estaría mal que leyeseis la página, me digáis que os parece y si os apetece me ayudéis. Y ahora os dejo el relato que he hecho a raíz del Sim que hice ayer. Aquí solo cuenta el Sim, no el fondo ya que es el primero, pero en otros contará también el fondo, es decir, en el lugar en el que se encuentre. Y ahora ya dejo d irme por las ramas.

♦♦♦

Todo estaba preparado, cada mesa, cada ventana, cada lugar del gran salón. Faltaban pocas horas para el baile y poco a poco, a modo de cuentagotas, los coches escupían lujosas damas y elegantes caballeros. Habían oído hablar de la anfitriona del baile. Cómo no oír grandezas sobre Kashia Rosetti. Todo estaba engalanado para celebrar el cumpleaños de la misteriosa dama. Se decía que muy pocos la habían visto y muchos menos conocido. Las lenguas decían que por allá donde pisara el mundo se arrodillaba a sus pies.

Si les hubiesen preguntado en una fiesta de una anfitriona que conociesen responderían que iban por la comida y sólo por ella, pero en esa ocasión todo era distinto. Iban sólo por la curiosidad de ver a la mujer escondida tras los rumores. Las damas para asegurarse que su belleza no era tanta y estudiar a aquella rival con aire de fantasma. Los hombres para admirarla y contemplar lo que ellos denominaban una mujer única, rica y hermosa. Una mujer que parecía tenerlo todo.

El reloj daba a golpes los minutos y la espera se hacía larga. La música resonaba con armonía por el enorme y lujoso salón. Algunas parejas bailaban bajo la luz de la gran lámpara de araña que colgaba del techo. Algunos comían todo tipo de aperitivos dispuestos en las largas y blancas mesas de los laterales del salón. Bebían un poco, manteniéndose con la mente clara para conocer a la mujer que estaban seguros aguardaba tras la puerta al final de las grandes escaleras que conducían a aquel lugar. Todos sin excepción charlaban sobre cómo podía ser ella.

Y la espera termino. Un alto y escuálido mayordomo abrió la gran puerta, oscura y llena de detalles que mostraban la riqueza de la mansión. Anunció a la mujer y cuando apareció, todos, hombres y mujeres, quedaron estupefactos porque los rumores no eran ciertos. La belleza no era tal, era mucha más, tenía una hermosura espectral.

El cabello pelirrojo se mezclaba con mechas negras y sus labios rojos hacían destacar su pálida piel. Y sus ojos, todos los contemplaban maravillados, hipnotizados y embelesados. Eran dorados, de un dorado brillante y rodeado por ojos definidos en negro. Su porte era de quien lo tiene todo. Sonreía con orgullo y miraba a sus invitados con aires de superioridad.

Si alguien se hubiera molestado en mirar a los lados hubiera advertido que todas las puertas estaban cerradas y custodiadas por pálidos guardias. También hubiera visto que no llevaban armas pero que miraban a la gente con la misma superioridad que su señora. La gran puerta se cerró y todo quedó a oscuras. La luz de la lámpara se apagó y todo quedo en silencio.

La sala comenzó a iluminarse con la tenue luz de las velas. Vieron a Kashia bajar lentamente por las escaleras acercándose a los invitados que la miraban hipnotizados. Los acariciaba como si fueran mascotas y se reía de ellos. Parecía disfrutar jugando con el deseo de aquellos humanos. Cuando veía a una mujer la empujaba levemente y le susurraba al oído animándola a revelarse contra sus maridos.

 Jugaba con los hombres con profundo desprecio. Todos estaban en un trance que les impedía querer escapar, ver más allá de los salvajes ojos de la dama. En un momento dado Kashia abrió la boca y sus perfectos y blancos dientes se transformaron en una hilera que era interrumpida por dos afilados caninos en la parte superior y en la parte inferior. Se acercó a un joven de piel bronceada y con sus manos le sujeto la cara clavandole sus uñas. Le hizo sangre y acto seguido inclino al joven hacia la derecha. Con una rapidez antinatural clavó sus dientes y absorbió cada gota de sangre de las venas del joven.

Todos parecieron salir de la hipnosis cuando cayó el cuerpo inerte del joven. Unos gritaron y otros corrieron. Kashia camino con parsimonia entre ellos, sin pestañear ante el caos. Fue tocando a varios con las manos manchadas de sangre. Algunos guardias los agarraron y se los llevaron. Muchas mujeres perfectas para ser transformadas para el servicio y algunos hombres para renovar la guardia. Los que quedaron, que eran más de la mitad, fueron saboreados por los guardias y los mejores ejemplares humanos fueron devorados por la hermosa vampiresa, Kashia Rosetti seguía siendo la mujer más misteriosa de la sociedad. Nadie supo jamás que ocurría en aquel salón en cada fiesta. Muchos entraban, nadie salía y a nadie le extrañaba. La ciudad estaba bajo el embrujo de Rosetti, del que parecía ser que nadie podía librarse.

Criatura de la Noche

29 de marzo de 2014

Cómo finas agujas de cristal el frío penetra en mi piel. Caigo, caigo hacia una profunda oscuridad. No recuerdo, simplemente existo. Tengo frío, mucho frío y sin embargo tengo la sensación de qué no siento. ¿Qué me ocurre? ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Quién fui? Demasiadas preguntas y no encuentro ganas de buscar en mi mente respuestas. Todo está en silencio, un silencio oscuro que me inspira terror. Quiero gritar pero no tengo voz, quiero llorar pero no me quedan lágrimas, quiero moverme pero mis músculos no responden.

Quiero volver a casa. Ese pensamiento me golpea, me golpea porqué quiero ir a un lugar qué ni siquiera recuerdo. ¿Mi hogar? ¿Cuál es mi hogar? Quiero volver a casa. Ese deseo cada vez es más intenso y sin embargo, a pesar de que no debe ser malo, lucho contra él. No quieres volver a casa. Escucho una voz en mi interior. Grave, negra y tenebrosa. Es mi propia voz, más algo ha cambiado en ella. No sé cómo era antes pero sé qué esa no es la misma voz. Es como si… es cómo si mi pensamiento y mi verdadera voz fuesen dos entes distintos. Elige tu camino, elige tu destino, pero no elijas a la gente qué amas, amar significa tener algo qué perder. Elige con la cabeza, no elijas con el corazón, y recuerda, ten cuidado con el cazador.

Los Irtianos

19 de marzo de 2014

Os dejo entre examen y examen un pequeño relato que a lo mejor algún día uso para alguna historia más larga. Os dejo que opinéis si os gusta o no. En cuanto pueda escribiré relatos más largos ya que no tengo casi tiempo y la inspiración con concuerda bien con tanto estrés.
♦♦♦♦♦♦

Nadie hubiera imaginado jamás el nuevo mundo, nadie jamás hubiera buscado un rastro de luz en una época oscura, en la que el cielo lloraba sangre y la tierra repudiaba a sus hijos. El precio por la destrucción fue un mundo de dolor y pérdida. Nadie hubiera predicho qué cómo Ave Fénix el ser humano renacería de sus cenizas. Una nueva oportunidad pero lejos de aquella Tierra que habitaron hasta exprimir cada gota de su vitalidad. Los supervivientes de los últimos alientos del planeta por deshacerse de la peste humana tomaron rumbo a otro lugar de la galaxia, vencieron la partida y buscaron un nuevo hogar qué habitar. Los humanos parecían haberse redimido, parecían haber escarmentado, pero el peligro qué conllevaban, que siempre habían conllevado, les había llevado a estar solos, a no descubrir nunca si había vida más allá de su planeta. La avaricia y el egoísmo, tan presentes en la historia humana siempre echaron para atrás al resto del universo. Todos veían a los humanos cómo la criatura más bipolar existente. Nunca quisieron saber nada de ellos. Una vez destruida la Tierra partieron con la esperanza de encontrar un lugar al qué poder llamar hogar. En la Tierra abusaron, abusaron creyendo que nunca se quedarían sin casa y por ello ya sólo quedaban unos miles de humanos metidos en una nave enorme que había sido construida siglos atrás para una situación cómo aquella, humanos que predijeron su destino y no fueron capaces de cambiarlo. Sólo tenían un número fijo de combustible pero tenían tres planetas posibles que recorrer buscando un hábitat con lo suficiente para establecerse. Si ninguno de los tres se adecuaba a la vida humana estarían perdidos, perdidos para siempre.
Nunca nadie había estado tan solo, tan abandonado, tan menospreciado, tan arrepentido, tan sumamente dolorido. Parecía que los años habían fortalecido a esta raza, qué el dolor había esculpido en sus rostros una palidez mortal y en su corazón la humildad y sensatez qué siempre había necesitado.

Pasaron meses vagando por el espacio, perdieron la cuenta de los días, perdieron la cuenta de su vida y perdían cada día combustible. Recorrieron los dos primeros planetas y ninguno de ellos era suficiente. Siempre faltaba algo, nunca estaban todos los requisitos necesarios. Algunos días morían humanos, morían de pena o de enfermedad, más morían y cada vez eran menos. Era uno de los principales problemas, extinguirse antes de poder comprobar el tercer y último planeta en cuyo suelo y atmósfera habían depositado su esperanza. Más que nunca veían sus errores y como buenos historiadores los escribían en un libro, en él también escribieron toda la historia humana, desde los primeros pasos prehistóricos hasta el día en el que tuvieron qué partir. Todos comentaban los datos y uno escribía. Tardaron mucho en tener todo escrito, tanto cómo duró la travesía.

Cuando llegaron al tercer planeta, sin más esperanzas en todo el universo, algunos salieron sin protección al planeta y otros decidieron albergar alguna esperanza pero no en ese instante y por ello se vistieron con trajes espaciales. Vagaron por el terreno, midieron, observaron, calcularon y buscaron agua y recursos básicos tal cómo tierra fértil para las semillas qué llevaban. Tardaron más de un mes, más que en los otros planetas. Al final aquel planeta era compatible con ellos, era casi cómo la Tierra y les quedaba mucho por descubrir. Al que denominaron el Guardián del libro le ordenaron escribir el trayecto de la nave, los días en los que la esperanza se perdía y la llegada a aquel planeta al que llamaron Irtia, sin significado ni sentido, sólo una palabra lista para anidar en sus corazones cómo un sentimiento, cómo un palpito, como el hogar que esperaban crear en ella.

Escondieron el libro en un lugar desconocido de qué solo sabría el Guardián y sus descendientes, así lo decidieron por unanimidad y empezaron de cero. Abandonaron la nave y la dejaron sufrir los años y cubrirse de enredaderas para recordar qué algo había ocurrido. Creyeron qué olvidando serían la raza que debieran ser, una raza humana y fraternal. Una raza pacífica. Pero algo se torció, entre los humanos aparecieron algunos con características que podrían denominar sobrenaturales, lo más probable es que la radiación de los dos soles qué iluminaban aquel sistema hubiera provocado aquellos cambios en determinados individuos. Fueron marginados y temidos, los humanos creyeron qué eran un peligro para el planeta. Todo esto ocurrió lentamente durante los primeros siglos de la redención humana, por un tiempo se creyó qué los humanos habían logrado cambiar, pero cómo bien el universo pensaba los humanos, primitivos y testarudos, tendrían qué dejar de verse superiores para poder cambiar y tristemente no habían logrado toda la humildad necesaria.

Los humanos sobrenaturales constituyeron una nueva raza, los irtianos, mientras que el resto se siguió denominando terrestres. Ellos creían qué debían denominarse como su planeta de origen y por ello habían marcado a los extraños que un día fueron sus hermanos, madres, hijos, etc., como si hubieran sido creados por el nuevo planeta. Repudiados de su raza decidieron buscarse su propio territorio. Se refugiaron en los polos, en los lugares, que al igual que la Tierra, eran los más fríos. Sus nuevas capacidades les permitían no congelarse, el nuevo metabolismo de su cuerpo también contribuía a ello. Así y durante siglos los humanos y los irtianos no convivieron sino que vivieron separados. Antiguos hermanos de sangre ahora se defendían del otro, los humanos con repugnancia, los irtianos sintiéndose abandonados y más tarde el sentimiento del odio germino tanto en sus corazones que ya nunca vieron esperanza ni deseo de volver a considerarse humanos. Al igual que el universo ellos habían aprendido qué su raza hermana tenía más oscuridad que luz, que era demasiado avariciosa y orgullosa cómo para ver a su propia familia y mucho menos a sus hermanos de raza.


Mientras los humanos volvían a caer en absurdas guerras, en sistemas de reyes y soldados, los irtianos fueron un pueblo unido, sin guerras, bueno, sin guerras de armas, sólo guerras de palabras. Nunca atacarían a los humanos pero si estos se atrevían a envalentonarse y tenían qué pararles los pies, la batalla estaría probablemente del lado irtiano. ¿Cuánto duraría la paz entre los dos pueblos? ¿Algún día desaparecería el odio? El futuro era incierto y el destino de las dos razas dependía de un hilo.

Querido diario

7 de enero de 2014

Quizá fue el destino o quizá fue una fatal casualidad pero aquella mañana de verano la catástrofe se cernió sobre miles de familias, y entre ellas, la mía.

Vivíamos muy lejos del hogar que hoy comparto con mi entristecida madre. Somos las únicas que quedamos. Recordamos a la perfección aquel tiempo, aquel momento en el que la guerra, después de titubeos, estalló. Mi padre y mi tío fueron llamados a filas por la patria. Me sobra decir que jamás volvieron, que su recuerdo sólo vive en nosotras y que el resto se perdió entre los muertos.

Y aquí estoy yo, hablando con sinceridad de lo ocurrido. Hablando de la guerra que te arrebata lo que tienes y te hiere cómo si un castigo te infringiese por algún delito que no sabes qué has cometido. Escribo lo qué siento, y yo siento lo que escribo. Tristes palabras para ti, querido diario, pero no me atrevo a decir mis miedos en voz alta por si los sucesos se repitieran, cómo si hubiese una maldición tras lo escrito.

Así se sucedieron los meses y al morir mi abuelo, ya enfermo antes de la guerra, mi madre, mis hermanas pequeñas y yo nos alejamos del corazón de la tormenta.

El hambre y la enfermedad asoló la tierra en la que nos instalamos, así cómo todos los lugares heridos por la guerra. Mis hermanas enfermaron y no pudieron ser curadas por falta de asistencia médica. Murieron gritando y sus gritos volvieron a mi madre loca y enferma de miedo y dolor.

Mi meta, ahora qué la guerra terminó es llegar a ser médica para curar el corazón roto de mi madre e impedir que las familias caigan en la crueldad de la enfermedad y pierdan a sus familiares por causas antinaturales.

Me llamo Laia y hoy han pasado dos años desde qué finalizó la guerra. Querido diario, tú y mi madre, sois lo único qué me queda. No permitiré que me arrebaten vuestra presencia.

Abbie

6 de diciembre de 2013

Y entonces todo cambió, y volví a sumirme en una triste canción. En un shock incurable. Lo veía todo negro y al fondo mucha sangre. Y olvidé. Olvidé de una manera que sería un milagro haber recuperado los recuerdos. Un accidente me hizo irme en alma y no en cuerpo. Vivía físicamente pero psicológicamente quede en coma. Pasaron los días y recuerdo perfectamente lo que sentí. Por eso y no por otra razón he creí oportuno escribir en este diario lo que pasó cada día después del accidente. Lo recuerdo perfectamente. Cada palabra, cada emoción. El tiempo no me dejará olvidar nunca y la muerte siempre bailará cerca de mí pero hoy estoy segura que me he salvado del abismo. Lo he superado y prefiero no olvidarlo. Así no volveré a sumirme de nuevo en tinieblas. Por mí. Por ella. Hoy leo de nuevo algunos pasaje del diario y estoy segura que ya no volveré a hundirme. Después de leerlo iré al cementerio y le diré a Abbie:
-He vencido.

Ella lo comprenderá, lo sé. Yo viviré por las dos. Se lo prometí un día y lo cumpliré.

7 de diciembre 2003 
Silencio blanco. Sangre roja. Dolor helado. Sigo siendo yo. Soy humana. Mi mente es un laberinto. Ya no sé qué es real y que mentira. Mi pasado se ha fugado tan lejos que ya no recuerdo tenerlo. Mi presente es confuso y lo sé. ¿Lo sé? Ya no estoy segura. ¿Estaré loca? Una loca más en este lugar llamado… ¿cómo se llamaba? Demasiados datos incomprensibles. ¿Qué hago aquí? Mi mente no solo es un laberinto sino que es una mezcla de cosas que no entiendo.

Durante este tiempo encerrada recuerdo de vez en cuando algo que parece real, lo cuento a esas personas de blanco que lo apuntan en sus cuadernos y mi yo vuelve a su laberinto. Es cómo una imán. No puedo escapar y ni siquiera estoy segura de ello. De hecho nunca lo he intentado. ¿O sí? Nunca se está segura de nada. Da igual. Sueño azul. Libertad entre rejas. Quizás mañana despierte en mi cama verde. Vaya, no sabía que tenía una cama verde. ¿Existirá? Quiero verlo…